

Un dormitorio infantil pedía algo más que un póster. El encargo: un caza P-51 Mustang a escala real, en plena maniobra, con dos escuadrillas cruzando el cielo de fondo.
El reto técnico está en el metal: cada plancha del fuselaje, cada remache y el desgaste de la pintura de guerra reproducidos con precisión casi de modelista, sobre un cielo de nubes que da profundidad a toda la habitación.

El mueble y la puerta de madera quedan integrados en la composición, como si el avión atravesara la pared.
Convierte cuatro paredes normales en la habitación que cualquier aficionado a la aviación querría tener.
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(2016-25©)


