

Un retrato no perdona: cualquier desviación en la mirada rompe el parecido, y en un muro no existe la goma de borrar.
Este encargo privado consistía en inmortalizar a spray, a tamaño mayor que el natural, a un miembro más de la familia.

Trabajamos capa a capa con aerografía de detalle: el brillo húmedo de la trufa, el iris ámbar, cada mechón del pelaje peinado por el viento, y un fondo de atardecer difuminado que aísla al protagonista como en un óleo clásico. Todo pintado directamente sobre la pared, sin plantillas.
Es la prueba de que el spray, en las manos adecuadas, compite con cualquier técnica de retrato tradicional — y de que un muro doméstico puede ser un lienzo de colección.
Next projects.
(2016-25©)


