La respuesta corta es: bastante menos del que la gente imagina. La respuesta larga es esta.
El enemigo número uno es el sol, no la lluvia. La gente suele preocuparse por la lluvia, pero el verdadero desgaste viene de la radiación UV, que con los años decolora los pigmentos. Una fachada orientada a sur va a perder intensidad de color antes que una orientada a norte — es física, no calidad de la pintura. Por eso, cuando estudiamos un muro antes de presupuestar, la orientación es de las primeras cosas que miramos, y a veces recomendamos un barniz protector con filtro UV específicamente por eso.
El barniz de protección no es opcional en exteriores. Después de pintar, sellamos con un barniz mate o satinado pensado para intemperie. Esto hace dos cosas: protege el color de la radiación solar y facilita muchísimo la limpieza — la suciedad y la contaminación urbana resbalan mejor sobre una superficie sellada que sobre pintura desnuda.
La limpieza es más sencilla de lo que parece. Con agua a presión baja y, si hace falta, un jabón neutro, es suficiente la mayoría de las veces. Lo que nunca recomendamos es usar productos abrasivos o disolventes — eso sí puede dañar tanto el barniz como el pigmento de debajo.
¿Y si algo se daña? Pasa, sobre todo en zonas con mucho tráfico de gente: un golpe, un grafiti no autorizado encima, humedad de una filtración cercana. La ventaja de trabajar con nosotros es que guardamos referencia exacta de colores y técnica de cada proyecto, así que un retoque puntual años después se puede resolver sin que se note la diferencia con el resto.
En general, un mural exterior bien ejecutado y con su capa de protección puede mantenerse en buen estado entre 8 y 15 años antes de necesitar un repaso serio — dependiendo mucho de la orientación, el clima de la zona y el tipo de superficie. Si tenéis un mural (nuestro o de otro estudio) y no sabéis muy bien cómo cuidarlo, escribidnos sin compromiso — a veces la respuesta es solo "dejadlo tranquilo, está perfecto".